Las herramientas con IA suelen funcionar como un “marco” para pensar en daños: costos médicos, pérdidas económicas y consecuencias no monetarias. El resultado puede servirle para ordenar información y hacer preguntas.
Pero para reclamos reales—sobre todo cuando intervienen varios proveedores o cuando hay que reconstruir la cronología—los números dependen de cosas que una calculadora no puede verificar por sí sola:
- Si el expediente clínico respalda el diagnóstico y el tratamiento (y si hay huecos entre citas).
- Si existe evidencia de que la conducta del proveedor se apartó del estándar de atención.
- Si los médicos pueden sostener la relación causal entre el error y la lesión.
- Cómo se documentan la evolución del daño y las limitaciones funcionales (lo que termina influyendo en la valoración).
En otras palabras: una estimación puede orientar, pero el valor real se decide con pruebas.


