Después de una exposición química, algunas personas intentan “aguantar” o creen que el problema se resolverá solo. Sin embargo, en la práctica, ciertos síntomas justifican actuar con rapidez para proteger su reclamo:
- irritación respiratoria persistente (tos, ardor, falta de aire),
- irritación o quemaduras en piel que reaparecen o empeoran,
- síntomas neurológicos (mareos, dolor de cabeza frecuente, confusión),
- reacciones recurrentes cada vez que se repite el contacto con el mismo entorno.
Si sus síntomas han continuado o evolucionado, conviene hablar con un abogado con experiencia en lesiones por exposición antes de aceptar acuerdos sin entender el impacto completo.


